Era bajita y simpática, su cuerpo de unas formas solo comparables a la belleza de su excelsa condición ,su función un tanto ambigua, dentro de aquel minúsculo puesto de venta propiedad de sus padres, y dicho sea de paso, medio para satisfacer los caprichos de quien se sabe deseada y muy observada, por el sector masculino de aquel centro comercial entonces también llamado, “el mercado de la catedral".
El, su compañero, un poco mas mayor que ella, era un camaLico,tan modesto en sus orígenes, como en sus formas de socializarse para con el resto del colectivo que allí ejercía, dado al carajillo extra-horas,y siempre luciendo bíceps, aunque las inclemencias del tiempo aconsejaran lo contrario, blasfemo por sistema, no conocía frase que no acabara en exabrupto ,algunos, incluso de su propia invención, un bruto vamos... El tercero en discordia el dependiente de la parada de al lado de ella, el cual se enriquecía de la belleza de la misma desde la ventana que comunicaba cada "tauleLL" por normativa municipal, aunque esta estuviera tapada por toda suerte de productos inherentes a la actividad que realizaban., y si a eso le añadimos la diferencia de estatura entre ambos, jugaba con ventaja en lo que al campo de visión se trataba. dejaba ver a las claras los siempre generosos escotes de la muchacha , Intercambiaban se risitas e indirectas, más cuando el camalico in duda alguna enamorado hacia acto de presencia por el pasillo de las paradas, sé obviaban ambos dependientes, dando así paso a una ignorancia total, qué dejaba lugar para los gestos "sobraos" y a veces incluso desproporcionados ,del desafor-
tunado camalico.
Llovía a cantaros, y dentro de aquel almacén, antaño cuadra de la comunidad de vecinos, hacía tiempo ,para partir con el carro cargado hacia el cercano mercado(que diría la canción), Sonó el timbre, y acercándose al interfono, fue grande la sorpresa, allí estaba ella, raudo fue a abrir la puerta, y al verla empapada la invito a entrar, un sitio tan inhóspito como acogedor en momentos de esa índole, para quien regala semejante visita al anfitrión.
-¿Pero que haces aquí ,y con este tiempo?...No pudo contestar a la pregunta la jovencita, puesto que sonó el teléfono del almacén rompiendo así la magia de ese momento.
-Diga...
Ten cuidado que el novio va para allá, espetaba al otro lado del auricular el jefe del chaval ,ante la voz del anunciador exclamo la chica.-Me importa un bledo ese animal...Reclamaron la presencia del tercero en discordia esta vez por el interfono de la comunidad.
-¿qui mana pregunto con no poco rubor y sorpresa el antaño sorprendido.
-¿esta aquí mi chica?...
¿como dices?...¿Quien eres?...Esto es un almacén. explicaba el chaval ,mientras le hacia gestos para que se escondiese, a lo que ella opto por el minúsculo y siempre en desuso lavabo de la estancia, Armándose de valor el dependiente se dirigió a abrir la puerta.
-Anda ...Eres tu, exclamó con falsa sorpresa tu me dirás.
-¿esta aquí Luisa?
-¿Tu novia?...
-Si. Luisa.
-¿Y que se supone que debería hacer aquí y a estas horas de faena?...
-Perdona es que estoy muy mosqueado y creí que estaba aquí.
Providencial fue la llegada del jefe, él mismo que hacia escasos momentos lo había prevenido.
-Buenos días, lo mismo respondieron al unísono los con celebrantes de tan peculiar platica,y en seguida el camalico corto la misma y pidiendo perdón desapareció por la plaza de las beatas.
-Ya me contaras, añadía el chaval no con cierta jocosidad, o tal vez con un poco de "repelús" ante la situación..
A saber...-Venga nos vemos cortaba el camalico en la distancia.
Tranquilo, yo te cubro, dijo entre dientes el jefe a su dependiente sin mirarlo a la cara-Pero estate al día de faena, y cuando acabe de llover, volvéis por separado, Había dado carta blanca de este modo al chaval, para llevar a cabo aquello que fuera necesario o posible ,Se cerro la puerta de la entrada comunitaria, y bajando el cierre metálico de acceso al almacén ella hizo acto de presencia entre latas de berberechos y pilas inacabables de café soluble, que habida cuenta de la época proliferaban por ese espacio, y que estaba preparado para su posterior exposición y oferta ,y quitándose la bata, todavía harto mojada por la lluvia, dejó ver una estudiada lencería de fantasía, y fundiéndose en un abrazo, seguido de un profundo beso, bastó menos de una hora para la consumación de los deseos juveniles que ambos ansiaban.
Volvieron otra vez por separado al mercado, la madre de la protagonista ,no quitaba ojo de encima a nuestro chaval ,entre desconfiada y enfadada ,como si quisiera decirle algo y no se atreviera.
Por la puerta de Alvarez de Castro ,allí ,al fondo del pasillo ,aparecían los dos tortolitos ,esta vez parecían mas distanciados, con un fugaz beso ella desapareció por la portezuela de la parada,y se ubico en su lugar de trabajo, aquel que se comunicaba con el vecino ,sin dirigirle la mirada al mismo, que ultimaba la entrega de genero a su jefe ,ante la mirada de complicidad y socarronería de el mismo ,la madre de ella la aparto de la ventana y ocupo su sitio, pero una vez que nuestro protagonista ocupo su lugar,no fueron pocas las miradas de reojo que ambos se emitían, por la puerta de Freixures ,había desaparecido el camalico camino de el Obelix ,seguro que a buscar su dosis de carajillo extra-horas ,adentro del mercado ,la lluvia se oía caer sobre el tejado de zinc ,el chaval la miraba y pensaba...No hacia honor a sus principios pero...Tal vez fueran estos los que le llevaban asemejante situación...A día de hoy ,a la hora de redactar esta exposición ,todavía no lo tiene claro, ¿que mas da?...

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